Cuarta misiva de Simfur el Trashumante
Lo vi a la.entrada del Abismo, ese lugar a donde los ángeles de Imitatus envían a los réprobosa tras su muerte. Pero él no parecía muerto, ni siquiera dormido como las personas de la superficie de Gea. Sísifo era entonces, y creo que sigue siéndolo, un titán de estatura inconmensurable, diríase que mide seis metros de los pies a la cabeza, pero cuando se yergue en toda su plenitud cubierto únicamente por ese taparrabo blanco que usa sólo por deferencia, un temor reverente hace que su interlocutor pierda la noción de las medidas y las distancias y entonces Sísifo parece un dios de proporciones olímpicas.
Entre las penumbras de la boca del infierno, que oscilan tan sólo del blanco al negro aún para mi mirada acostumbrada a percibir el aura de todas las cosas, sólo es posible observar que el gigante posee una silueta atlética que contrasta con su cabeza de anciano venerable, calvo en la parte superior de la cabeza, pero coronada a los lados con blancos y largos mechones que se desparraman sobre sus hombros, mientras que una discreta barba nace del mentón.
Nos alegramos al ver que cada uno reconocía el saludo de Rabí que le dirigía el otro, dicho saludo es el signo propio de los seguidores del Divino Ladrón, aquel que roba las almas a Imitatus para encaminarlas hacia el universo de la luz y la libertad sin límites.
Con esta confianza mutua charlamos largamente y la conversación derivó inevitablemente hacia la gran aventura que Sísifo vivió en el infierno de Tierra, ese legendario planeta que fue tan célebre en el ya desparecido universo de Deiwos, un cosmocrator similar a Imitatus aunque su creación jamás llegó a ser tan horripilante como esta.
Palabras más, palabras menos, he aquí las palabras de Sísifo:
"Zeus era un tirano, quería llegar a ser el dios único en la tierra y todo el sistema solar de Ors, sin más ley que la suya."
"Sólo los titanes nos opusimos, pues aunque a los dioses olímpicos no les agradaba la idea de un poder ilimitado para el dios del trueno, temían enfrentar las consecuencias de una rebelión abierta. Además, Zeus era su padre."
"La sublevación de los titanes fue portentosa, y habríamos triunfado si tan sólo
hubiésemos calculado correctamente el grado de resistencia que podía utilizar Zeus. Todos los demás dioses fueron vencidos uno a uno, incluso Ares; pero Zeus recurrió al arma secreta de sus relámpagos ubicuos y entonces, incapaces de prever dónde caerían los rayos divinos, los titanes fuimos sucumbiendo gradualñmente hasta quedar completamente vencidos."
"Mi destino fue el peor de todos, aunque a muchos se les castigó con la muerte y el desmembramiento: A mí se me destinó a la pena de vida eterna."
"Vida eterna, pero mi destino fue trabajar en forma absurda toda la eternidad:
Debía subir una peña enorme, tan grande como yo, desde la base hasta la cima del monte más encumbrado del Tártaro. Durante semanas que se volvían meses, yo empujaba, jadeaba y resoplaba ascendiendo penosamente la infernal cuesta precedido por la roca de mi martirio."
"Mil veces alcancé la cumbre, y mil veces vi caer, desolado, a la maldita piedra hasta el fondo de mi cautiverio, siendo obligado cada vez a reiniciar la tarea. En vano amenzaba y blasfemaba a todo pulmón, retando a Zeus a presentar combate cuerpo a cuerpo, el cobarde sabía que sería vencido."
"Con el paso de los siglos, mi ingenio fue incrementándose, y me percaté de que, si al bajar a recoger la roca caída, me demoraba un poco más de lo habitual, podía abrir en el suelo estéril una profunda zanja con ayuda de rústicas herramientas improvisadas con los pedruscos sueltos."
" Así lo hice, y siempre que bajaba a recoger la peña de mis tormentos, cavaba una zanja a un estadio de distancia de la piedra rodante. "
"Transcurrieron los siglos, los milenios y las eras, y mi ardid fue premiado. Un día estaba por fin a un sólo estadio de la cima, a partir de la última zanja. Comencé por enésima vez la ímproba tarea de impulsar la masa de granito hacia arriba."
"De improviso, una luz brillantísima iluminó toda la cavidad del Tártaro, poniendo al descubierto todos los horribles secretos de ese infierno. Un hombre, un ejemplar de la raza de los habiru conocido como el Iscariote, descendísa majestuoso desde el cenit, portando en su diestra una antorcha y en la mano izquierda una espada: Clamando:
"¡Oh, hijos del Altísimo!, ¡Sed libres! Vuestro tormento llega a su fin, Satanás el Impostor ha sido vencido, marchaos y partid hacia la luz, que este mundo demencial, la falsa creación de un imitador, será reducido a la nada." "
"Lleno del más completo júbilo, coroné mi esfuerzo colocando la peña de los tormentos en su meta, con lo cual recobré todo mi antiguo poder. Entonces salí intempestivamente del Tártaro, mas lejos de huir de Tierra, me sumé a las huestes libertarias que peleaban en la superficie contra los ángeles y los dioses."
"Es mi orgullo decir con verdad que aplasté cabezas y rompí huesos, desgarré alas y pulvericé cuerpos, llegando en mi delirio a asaltar el Olimpo y reducirlo a cascajo en compañía de mis hermanos, los Titanes liberados, mientras Prometeo vociferaba jubiloso arengando a sus fieles a sumarse a la lid."
"Grande fue ese día el desastre para el creador del mundo, ese embustero que ya Rabí había desenmascarado en la montaña cuando aquel lo tentó con el Gobierno mundial."
"En ese momento de gloria, sin embargo, todos vimos cómo un caballo blanco de dimensiones cósmicas llegaba majestuoso ondeando su crin albina, y girando, presentó sus cascos traseros al mundo, acometiéndolo con implacables coces que dieron fin para siempre a Tierra y todo el universo adyacente, mientras los seres liberados volábamos cantando gozosos el himno de la libertad."
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